Anamaría McCarthy en el Cultural de Arequipa

Anamaría McCarthy ha encontrado el soporte ideal para contar sus historias: su propio cuerpo. De padre norteamericano y madre peruana, la artista empezó haciendo cerámica, creando formas, dando vida a partir de barros inertes. Hoy utiliza a través de la fotografía la forma misma, la de su cuerpo, como medio para expresar sentimientos, recuerdos que habitan algún momento y algún espacio que ella no permite extraviarse, haciéndolos latir en la luz y el color de sus obras.

Vuela el Alma es el título de la exposición que hasta el miércoles 26 de mayo Anamaría nos presenta en el Centro Cultural Peruano Norteamericano de Arequipa. Una probable retrospectiva, que reúne trabajos de diez años en series narrándonos cada una historias diferentes.


Apuntes en torno a la levedad de los cuerpos

Anamaría McCarthy, artista peruana-norteamericana nacida en Glen Cove, Nueva York y radicada en el Perú desde 1973, presenta Vuela el alma, exhibición de corte antológico en la que reúne un grupo significativo de sus obras (1994-2004).

McCarthy es una de las artistas comprometidas con el cuerpo humano -el femenino en especial- rescatado, particularmente a través de la memoria. Para mayor orden y mejor análisis de su objeto de estudio, la fotógrafa trabaja sus temas por series. Y, definitivamente, sus procesos sin confesionales: si por un lado el soporte de la estructura de su discurso es la utilización de su propio cuerpo, es a través de dramáticas referencias personales y familiares donde su universo se muestra tal cual y ella, expuesta y observada por un lente que pareciera ajeno por la lucidez con la que congela sus escenas y situaciones, aparece desnuda sin (paradójicamente) descubrirse jamás.

La serie La espera de Diana ilustra, sin los vericuetos del lenguaje, lo que brevemente tratamos de exponer.

La fotografía de Anamaría McCarthy no es entonces catártica en el sentido puro de la palabra -me exhibo y me libero-; juega mas bien con una poética del cuerpo que expuesta y manejada sin concesiones, consigue incorporar un extraño elemento; el de la levedad o inmaterialidad de ciertos seres que, al final, luz de por medio, se elevan nomás.

Armando Williams
Curador de la muestra

Vuela El Alma
2001

Mi cuerpo – suspendido por arte y magia de la madurez- tiene la capacidad infinita de volar, no solo en mis sueños o fantasías. Solamente hay que perder el miedo a lograrlo.
Ese mismo cuerpo que me ha acompañado todos los días de mi vida a veces siente la pesada carga de cien ladrillos pero, cuando logra liberarse de todo lo que le ata, flota como si fuera una pluma.
Mi cuerpo con los años se ha vestido (o desvestido) de las emociones encontradas en el camino trazado por la vida. Se ha convertido en una paleta para pintar en él mis historias y anécdotas.

Vuela el alma capta lo que rara vez me he atrevido a Mostar. El momento cuando la niña -una vez convertida en mujer- asume el cuerpo como su propio objeto de deseo y de placer. Ese estado de absoluta entrega, a medio camino entre el reconocimiento y el encuentro.

*Fotos: Fernando Escajadillo

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Abril 25, 2008 por jorgepaco1 Comentario »